Hasta que el cuerpo aguante

Exposición de Adrede, Managua, Diciembre 2015  

Con: Federico Alvarado, Darling López, Marco Cano, Noel Saavedra, Naomi Pérez Belli y Norlan Gutiérrez

Curaduría: María Félix Morales Lotz

 


En el ejercicio práctico de poner sobre la mesa todos los desdoblamientos, el cuerpo y los lenguajes del arte se conjugan alrededor del trabajo de seis artistas nicaragüenses y una serie de textos que abarcan aspectos de forma y contenido que las mismas piezas apuntan.

Encontrando conexión entre estos dos ejes, en un recorrido que propone examinar la estabilidad, las suposiciones y la incertidumbre sobre lo corpóreo, a la par de evidenciar aspectos de las configuraciones del arte en esta época y contexto.

La propuesta surge como resultado de la sinergia entre dos proyectos del Espacio para la Investigación y Reflexión Artística (EspIRA); Adrede como programa de visibilización de artistas y Centro de Documentación de Artes Visuales (CEDA Visual), como un recurso que EspIRA pone a disposición desde ahora, con el objetivo de estimular el acercamiento del público al arte contemporáneo.

 

En esta exposición encontramos entonces manifestaciones sobre el cuerpo como fantasía cómica, como declaración de una ausencia, como zona de límites en el juego o como eje de la perversión.

 

Así, Marco Cano muestra la fotografía de una cabellera hundida en un espacio onírico, un llamamiento sobre los ejercicios de violencia que se inscriben en el cuerpo, a la vez que una asociación sobre el estudio de lo orgánico.   

 

Marco también revela una visibilización de nuestros múltiples yoes corporalizados, al apropiarse de figuras ligadas a lo mediático con los que ensambla nuevos seres. Quimeras que nos causan conflicto entre el binarismo de género y lo antropomorfía, despertando desde lo lúdico un interés por lo mecánico, pues son objetos amoldados y mutados pero reconocibles.  

 

En el sentido del cambio, Norlan Gutiérrez nos propone una regresión hacia la bestia, haciendo visible el drama con formas que van de lo carnal y orgánico, dejando ver en la factura su interés por la ficción en la materialidad y pintando partes que no son claras sobre donde pertenecen, hasta encontrar hechura en una imagen que provoca rechazo y atracción.

 

Un órgano que se presta como fragmento para descifrar, al parecer un cuerpo caído, una pata de animal que será sacrificado o una metáfora de nuestra zona límite que se consume. Norlan crea un juego perceptivo, como desencadenamiento de lo que imagina también podría ser nuestro futuro, en un ejercicio de sujeción que se liga a los miedos fantasiosos y a la posibilidad de que sucediesen.

 

Por otro lado, Federico Alvarado expone el poder del cuerpo en el contexto con personajes que empiezan a abstraerse a partir de la ejecución precaria de un dibujo digital. Estas figuras apenas reconocibles aluden a la historia de Nicaragua y a las instituciones garantes de la disciplina corporal, pero desde posturas que nos hacen suponer un posible boicot en la ciudad.

Agentes represores o héroes en el uso del dominio físico, tomando conciencia de su propio organismo, o bien, sujetos comunes que adoptando un disfraz simulan tener estos poderes, en una relación de la tragedia como elevación a lo virtuoso y la comedia como la deformidad.

 

Federico además, en un ejercicio colectivo con otros artistas centroamericanos, abandona lo tangible explorando la sombra y su adaptabilidad, generando figuras abstractas o amorfas que invaden el espacio y que provocan querer involucrarte con el entorno y con otrxs seres.

 

Desde otra búsqueda, enfocando al cuerpo como una superficie permeable, Noel Saavedra nos coloca frente la fragilidad de la carne, descargando en foros médicos online, fotografías de objetos que estuvieron en un cuerpo humano, con el interés de traducir la ciencia en la experiencia de recuperación de circunstancias traumáticas, donde el organismo suelta como forma de resiliencia social.

 

Así Noel como un recolector, muestra lo difundible de una imagen en la época de la reproductibilidad técnica, y aprovecha el “potencial que las prácticas apropiacionistas pueden llegar a tener en el cuestionamiento de todos aquellos principios estéticos sobre los que está edificada la tradición del pensamiento histórico occidental”[1].  

 

Utilizando la marca como algo particular que puede transferirse, Darling López narra el gusto y el dolor a partir de la interacción en un ejercicio de memoria sobre la piel. Un performance donde Darling invita a otrxs a morderla sin objetar, como reto a la lectura sobre el cuerpo femenino a nivel estético y sexual.

 

Darling como agente empoderado explora los límites de su cuerpo y genera al resto una experiencia voyerista, sádica y reflexiva sobre el poder que les ha dado. Mostrando como el cuerpo cede en las dinámicas de recepción y producción de discursos, desde la frontera entre lo íntimo y lo público.

 

Borde desde donde también parte Naomi Pérez Belli al producir un manual de instrucciones ilusorias sobre inquietudes personales que colectiviza, poniendo en juego en cada situación descrita las normativas de comportamiento establecidas; como seguir a una persona extraña o recorrer un espacio desde el detenimiento.

 

Para lograr la activación de la experiencia Naomi propone al individuo rupturas de su cotidianidad que se realizan casi desde el silencio, convirtiendo la instrucción en el deseo de dejarte llevar por lo descubierto, que te enfrenta como crítica al sistema, al tiempo y al condicionamiento de las relaciones, porque “las obras ya no tienen como meta formar realidades imaginarias o utópicas sino construir modos de existencia o modelos de acción dentro de lo real ya existente”[2].

 

Hasta que el cuerpo aguante, enmarcada desde la conciencia del cuerpo alterado y su alrededor, busca establecer vínculos entre los discursos de cada trabajo, con libros que se encuentran en CEDA Visual, como una invitación a la lectura de contenidos desde el cuerpo y las forma del arte, porque “el arte corporal ya no tiene porque producir belleza, sino lenguaje, un lenguaje inédito, no codificado, que rechazando la historia, el sentido y la razón, sea capaz de hablar del cuerpo, aquí y ahora...”[3]

 

  

 

[1] Juan Martín Prada. La apropiación postmoderna. Editorial Fundamentos. Madrid, 2001, p. 75 

[2] Nicolas Bourriaud. Estética Relacional. Adriana Hidalgo Editora. 2008 (2006), p. 12 

[3] Ana María Guasch. El arte último del siglo XX. Del posminimalismo a lo multicultural. Alianza Editorial. 2006 (2000), p. 94